Terminó una etapa del Partido de la Revolución Democrática en el estado de Baja California Sur, luego de permanecer 12 años al frente del gobierno del estado, de presidir los cinco ayuntamientos y retener la mayoría de los dieciseis distritos electorales. El pasado 6 de febrero del presente año, sufrimos una dolorosa derrota que nos llevó hasta el tercer lugar, superados tanto por el PRI como por el PAN.
Recordamos que en 1999 se le arrebató el poder al PRI con alrededor de 80 mil votos que representaban el 56.5% del total. En 2005 se conserva el gobierno estatal al contar con el 44.9% de la votación, equivalentes a 88 mil votos. En 2011, hace apenas dos semanas, recibimos entre 54,385 y 59,711 votos, que significan porcentajes de 21,58% en la gubernatura, y de 23.85% en la elección para diputados.
Ante este escenario queremos compartir con el órgano de dirección nacional de nuestro partido las siguientes reflexiones, con el propósito final de sacar lecciones que sean útiles al colectivo, más que localizar a algún o algunos culpables que nos sirvan para justificarnos y contra quienes podríamos orientar toda nuestra frustración y rabia.
Esta decisión la hemos tomado no por indolentes, tampoco porque no nos pese, o porque no lo sintamos o porque no hayamos perdido en este proceso algo como individuos, como equipo, como militantes. O bien porque no nos llene de coraje ver el regocijo de nuestros adversarios ya próximos a retomar sus privilegios y canonjías. Todo lo contrario.
Precisamente porque sentimos en lo más hondo este resultado, porque nos avergüenza profundamente, porque nos cala y lastima... y porque no quisiéramos que en ninguna otra parte del país nuestro partido o las fuerzas democráticas y progresistas pasaran por lo que hoy estamos pasando los sudcalifornianos, preferimos entonces avanzar en la revisión crítica y autocrítica del partido y del proyecto en el estado, para que el aprendizaje y la reflexión ocupen el lugar del desahogo y la vociferación, remedios que solo atienden el consuelo propio.
La inexistencia de un proyecto programático como eje articulador de nuestra base social y de la clase política dirigente
El crecimiento del PRD en Baja California Sur, a partir de 1999, se asienta fundamentalmente en una gran base social que habita en las colonias populares, base que es atendida por los gobiernos en turno. Estos núcleos de la población fueron el origen de la insurgencia cívica que arrebató el poder al PRI ese año, pero poco a poco fueron estableciendo una relación de subordinación con el gobierno y con el poder político en turno, sustituyendo estos vínculos clientelares a la organización democrática, abandonando la realización de asambleas y también sustituir la lucha por
sus reivindicaciones a cambio de la “gestión” administrativa, desvinculada de la participación directa de los beneficiarios, de aquellos a quienes sólo se les requería su firma para apoyar tal o cual petición; es decir, se fomentó un trato clientelar y paternalista por parte de las autoridades, trayendo esto como resultado la burocratización de los propios liderazgos sociales, llegándose al extremo de incorporar estos liderazgos a la nómina estatal, sin ningún programa, eje, esquema, que justificara la percepción económica que recibían.
Por otro lado, la clase política –o mejor dicho, el grupo dirigente local-, es en realidad solamente un conjunto de equipos aglutinados a partir de las “aspiraciones” y los “proyectos personales” de algún “líder moral” que responde a intereses de grupo para acceder al poder, sin mayor compromiso con el programa o con los principios del partido, acotados sólo de forma parcial y aceptando la tutela de una opinión rectora, la del hombre fuerte o sea, la del gobernante en turno. Sin una práctica democrática que fortaleciera a los propios equipos y que les permitiera generar un sentimiento de pertenencia al partido o al proyecto, estos grupos, elección tras elección, han propiciado rebeliones internas que han engrosado las filas opositoras con ex compañeros que hasta antes de este proceso despotricaban contra el gobernante en turno, sin que ello llevara a mayores consecuencias, salvo su migración a otro partido político. En este sentido los ejemplos abundan: Al Verde en el 2002; al PANAL en el 2008 y 2009; hacia el PRI en el 2005 y ahora, en el 2011, rumbo al PAN. La constante es que figuras de alta competitividad han venido rompiendo con nuestro partido a partir de 2002.
Fortalecimiento desmedido de las personalidades por encima del partido
El pacto de la clase política para la distribución de los espacios de poder fue relativamente exitoso y le dio estabilidad al proyecto hasta el año 2008, fecha en la que dicho modelo se agotó al estallar la disputa por la hegemonía en la dirección del proyecto entre el ex gobernador y ex presidente del partido, Leonel Cota Montaño y el gobernador actual, Narciso Agúndez Montaño.
Ese acuerdo para la distribución de los espacios, sancionado por el Gobernador y legitimado por el caudillo en la persona de Leonel Cota, y que “funcionó” del 2005 al 2008, entró en crisis al surgir diferencias entre ellos en torno a la planilla por la dirigencia nacional en las elecciones de marzo de 2008, planillas encabezadas por Alejandro Encinas y Jesús Ortega. A partir de ese momento inicia la espiral que nos llevará a los perredistas a aparecer un día si y el otro también ante la opinión pública, envueltos en un cúmulo inagotable de denuncias, denostaciones y escándalos internos, siendo el siguiente episodio bochornoso el de la selección de los candidatos a las diputaciones federales para el proceso 2009, cuando se da el conocido “San Juanazo”, decisión que se tomó ante el intento de Leonel Cota de romper el consenso previamente tomado con el Gobernador sobre las postulaciones, las reservas de candidaturas y el posterior intento de incluir al ex Gobernador en la primer posición en la lista de Representación Proporcional de la Circunscripción 1, misma que no tuvo éxito al proponerle en cambio el lugar número 3 de la misma lista, respondiendo Leonel Cota con su rotundo rechazo a tal propuesta, y con su posterior anuncio de que “no apoyaré”
las campañas del PRD. Y lo hizo. En ese momento inicia la pérdida del principal activo con el que contaba hasta entonces nuestro proyecto, que era precisamente la credibilidad ante la sociedad sudcaliforniana.
Al escalar el conflicto y no detenerlo nadie a partir de acciones sancionadoras o en ausencia de prudencia de los propios actores, esta situación rompe el consenso básico que se venía manteniendo en torno a la opinión rectora del “hombre fuerte” los primeros seis años del proyecto, y el partido entra en crisis al obligar estos personajes a la mayoría de los equipos, a tomar partido a favor de uno u otro, las más de las veces sin mayor reflexión o perspectiva. Así las cosas, el conflicto y sobre todo los disensos, van rebasando a los propios grupos dirigentes y permean hacia nuestra base social durante casi dos años, presentando como hechos absolutamente ciertos, situaciones que las más de las veces fueron fabricadas por nuestros opositores para desprestigiar a compañeros y compañeras del propio partido.
En medio de esta condición, y como un ejemplo extremo de la imposición de la lógica personal -ajena incluso al mismo sentido común-, tenemos que después de dos años de desgaste del partido, y en el momento previo al proceso interno de selección del candidato o candidata a la gubernatura, se tenían a dos aspirantes que gozaban de las simpatías del gobernador impulsando la continuidad, y otros dos en contra de esa continuidad. Unos pedían que el mecanismo de selección fuera por encuesta y otros, opuestos absolutamente a esta opción, insistían que sólo aceptarían una consulta abierta a la ciudadanía y amenazaban romper definitivamente con el partido. Partiendo de que debíamos privilegiar la unidad como condición para retener el poder, y desde esa condición corregir lo que tuviera que corregirse, se propuso un mecanismo mixto de selección consistente en realizar una consulta abierta a la ciudadanía pero aplicando previamente una encuesta que sirviera para valorar la posibilidad de alcanzar acuerdos entre los distintos actores, mecanismo que aprobó el Consejo Estatal de manera unánime. En la misma sesión, no faltó la voz del ex Gobernador advirtiendo que “si la cláusula que exige evitar en el proceso interno la denostación o acusaciones en contra de los contendientes o en contra de los órganos del partido, lo pusieron para que yo me calle la boca, de una vez les digo que no lo voy a cumplir”.
La provocación convertida en desafío a lo largo de semanas se agudiza a quince días del proceso en un Consejo Estatal, cuando un grupo de consejeros presenta un documento al que se da lectura donde se llamaba a: “Convocar al pueblo sudcaliforniano a la insurrección ciudadana en contra del grupo que ha secuestrado el poder público en su exclusivo beneficio, y que busca perpetuarse en él a través de Luis Armando Díaz y Marcos Covarrubias, ambos candidatos del Gobernador, y ambos representantes de la fuerza proveniente de la invasión de tierras, de la corrupción convertida en desvío de recursos del erario público y del apoyo del crimen organizado en su forma del narcotráfico”.
La consulta fue suspendida a sugerencia-petición del gobernador, Narciso Agúndez, ante el clima de descalificación que se enfrentaba la selección y ante su negativa a buscar de forma directa y clara la declinación de Luis Armando
Díaz. Dicha suspensión se dio de forma sorpresiva y unilateral, sin consensarla ni con Marcos Covarrubias ni con equipo alguno, situación que impidió justificar tal medida y en cambio colocó en una condición de extrema vulnerabilidad a lo que quedaba del esquema institucional que se había acordado previamente. Para colmo, la forma accidentada con que se tomó tal determinación y sobre todo, el argumento con el que se buscó justificarla legalmente (la “falta” de recursos económicos), generó tal clima de descrédito y confusión entre la militancia y la ciudadanía que la posterior ruptura de Marcos Covarrubias con el partido no pudo ocasionarle el costo político que hubiera implicado una decisión de este tipo. Dicha decisión fue quizá la única que no se compartió con la dirigencia nacional, exponiéndole en distintas ocasiones el malestar local y el reclamo de que se debió esperar a que hubieran sido creadas las condiciones para un mínimo consenso, independientemente de la urgencia que la ameritara, ante el escenario de un proceso que todos los actores descalificarían y del que ya no se tenían condiciones de estabilidad que permitieran el reconocimiento de los resultados por parte de los interesados, cualesquiera que estos fuesen.
La suspensión de la consulta obligó a la búsqueda apresurada de acuerdos en un clima en el que las personalidades mejor posicionadas ya mostraban síntomas de nerviosismo y poses de soberbia que exhibían absoluta inmadurez. Estos actores exigían no sólo ser nominados, sino también que se cumplieran sus caprichos y excesos, peticiones que se atendieron pero ante las cuales se presentaban otras nuevas. Finalmente terminaron pidiendo sumisión plena y absoluta adhesión, sin negociar nada, sin discutir nada, sin sentarse a dialogar con nadie. A partir de ahí se da su ruptura y frente a su falta de compromisos programáticos, traicionan al proyecto sin ningún remordimiento político, o sin la más mínima objeción o reticencia para aceptar cuanta opción se les presentase, ya fuera del PRI o como terminó sucediendo finalmente, del PAN, porque nunca tuvieron el compromiso con el partido, con la izquierda o con ideología progresista alguna.
Si bien es cierto que existen casos de rupturas en donde determinados personajes que son menospreciados acaban provocando la derrota del partido del que provienen, acá sucedió al contrario: con un excelente trato y habiéndose suspendido la consulta para su beneficio, empujando desde la dirección nacional en favor de los acuerdos que lo posicionaran, y apoyándose en lo que la lógica política dictaba hacer, a pesar de todo el esfuerzo se termina por presentar también una ruptura con consecuencias idénticas.
Ejercicio del poder y prácticas de gobierno
Como ya mencionamos se avanzó en el ejercicio de gobierno en distintos frentes tanto en el sexenio actual como en el anterior. Sin embargo, los avances y las áreas donde se presentaron no derivaron en un fortalecimiento del proyecto, ni en el acuerpamiento de la sociedad en torno al mismo. La desmovilización de la gente en la solución a sus demandas y en la posible defensa de sus logros se dio como un proceso donde las prácticas clientelares y el paternalismo sustituyeron las relaciones horizontales entre gobernados y gobernantes y el empoderamiento de los primeros. Por otra parte, la importancia que tenía para quien deseara postularse a alguna candidatura u ocupar
algún cargo en alguna administración, el apoyo o por lo menos que no fuera considerada su nominación como inviable por el líder en turno, fue determinando que cualquiera que estuviera en esa condición buscara dicho apoyo antes que buscar contar con un perfil, una trayectoria o construir una propuesta de trabajo atractiva. Esta circunstancia derivó en el apoyo no a los mejores cuadros, sino a los más leales o funcionales al líder del grupo, o al personaje fuerte en turno y en ello puede comprenderse una de las causas de desviaciones que nos fueron señaladas en distintos momentos como el amiguismo o el nepotismo.
También, a lo largo de siete procesos electorales, condujo a poner más empeño en la búsqueda de la nominación al interior del partido o de la coalición, que en el la competencia electoral frente al resto de las fuerzas políticas, descuidando desde la elaboración de las propuestas hacia la ciudadanía (mismas que constituían un mero trámite que había que cumplir con su registro) el discurso, el estilo de campaña y las habilidades y conocimiento para ejercer el encargo de forma adecuada.
Desde hace tres años, el resultado de esta condición generó una fuerte crítica soportada en distintas evidencias, respecto no sólo de un pobre ejercicio de los integrantes del Congreso Local, sino también de serios indicios de abierta corrupción de los mismos, situación que derivó en distintos escándalos que impactaron de manera negativa ante la opinión pública. También este deterioro en la preparación y formación de nuestras candidaturas, aunado a una definición política que tomamos como dirección respecto a priorizar el que se mantuviera la unidad, llevó en la última contienda a no cumplir con las acciones afirmativas a favor de la equidad de género y a integrar distintas candidaturas en una perspectiva de satisfacer peticiones internas y garantizarles equilibrios a los distintos grupos, más que el ofertar candidaturas competitivas y atractivas hacia la ciudadanía.
Además de estas situaciones que fueron profundizándose con mayor o menor medida a lo largo de los dos sexenios en el gobierno, existieron situaciones que se dieron a partir de éste y que terminaron por determinar las posteriores decisiones, posturas y la conducción del Gobierno del Estado de 2007 a la fecha: el fraude del 2006 con la consecuente decisión política de asumir el reconocimiento a Felipe Calderón Hinojosa por parte del Gobernador y sobre todo, la decisión de supeditar la viabilidad de la administración local al destino de la Federación y en consecuencia, a las relaciones con ésta. Esto se concretó en una decisión de mantener los compromisos adquiridos con los círculos de poder económico cercanos a Calderón, personajes que empiezan a buscar oportunidades de inversión y de obras al margen de cualquier plan o iniciativa local, ofertando proyectos como son el Pabellón Cultural -con una inversión de mil millones de pesos-, y del cual se tiene poca claridad en sus beneficios. Está también el caso del propio CRIT Teletón, proyecto al que se destinan alrededor de 300 millones de pesos, compromisos que para cumplirlos en conjunto se contrataron fuertes líneas de crédito por más de 2000 millones de pesos. Compromisos que se adquirieron casi todos ellos, al inicio de la crisis económica.
Con el estallido de la crisis y en medio de la volatilidad financiera, los Ayuntamientos entran en emergencia económica al caer dramáticamente la captación de recursos propios y sin la posibilidad de contar con un apoyo que les permitiera mantener la calidad o incluso mejorar los servicios que prestan a la ciudadanía, debido precisamente a la decisión del Ejecutivo estatal de priorizar los compromisos en obra y ejercicio que ya se habían establecido. En la última etapa se sumaron –además-, manejos poco claros que hicieron suponer que de parte de la misma Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado se tenía la intención de desacreditar al propio proyecto, sobre todo en lo que se refirió a los atrasos a pagos o a la no entrega total de los mismos con amplios y diversos sectores sociales que abarcaron desde burócratas, trabajadores del Cobach, la Ministerial del Estado, hasta los proveedores a quienes acudimos a pedir su apoyo solidario en distintos momentos de la contienda electoral.
Todo ello aderezado con una feroz y cotidiana campaña de denuncia ante la opinión pública, exhibiendo la falta de transparencia de nuestros gobiernos por parte de la oposición y con un nulo interés del Gobierno local en responder a ello a través de medidas que arrojaran certeza del gasto público.
La decisión de utilizar a Baja California Sur como un laboratorio electoral rumbo al 2012 por parte tanto del PRI como del PAN
Es casi ocioso describir uno a uno los factores que fueron constituyendo la fuerza de las candidaturas de estos partidos, y la inmoralidad con que ejercieron la compra de votos, el uso ilícito de los programas federales, las rifas en cada evento de cientos de electrodomésticos por parte del PAN, partido al que incluso le detuvimos un camión con celulares que estaban regalando el día de la elección o los testimonios de miles de personas a los que los promotores del PRI llegaron el mismo día de la elección comprando a mil y dos mil pesos el sufragio, o los tráileres de despensas, o los cientos de operadores de todo el país que acudieron a apoyar a sus candidatos. En el caso de las líderes de colonia con cierto ascendente, no las visitaba cualquier funcionario del PRI o candidato de segunda, no. Personalmente acudían a verlos diputados, funcionarios de gobiernos „tricolores‟ y en donde más que ofrecerles una cifra concreta, les decían “tú pon la cantidad”. Así, hubo casos también del PAN, en donde para que una sola dirigente que estaba propuesta como regidora renunciara y se integrara a su campaña, le ofrecieron 800 mil pesos, al contado, el mismo día. Y como provocación le decían, “a ver, que su partido les dé más”.
Ambos partidos recurrieron a la compra millonaria de las primeras planas en los medios de comunicación locales, mismos que aún con dinero de por medio rechazaban publicar alguna nota en primera plana siquiera como contenido noticioso, pues ya el PRI la había comprado por anticipado los últimos 20 días de la campaña electoral. El refuerzo también se dio con el desfile de personalidades y gobernantes tanto panistas como priistas, desfilando Enrique Peña Nieto, del Estado de México; Ivonne Ortega, de Yucatán por el PRI; el gobernador Padrés de Sonora, apoyando al PAN y el de Baja California.
En nuestro caso estuvieron los compañeros de la dirección nacional, Hortensia y Beatriz Mújica en un inicio, Jesús Ortega y José Antonio Rueda a lo largo del proceso, y Jezabel, Enrique Romero, Barbosa, Dolores y Marta Dalia en las últimas dos semanas, así como el arribo de algunos refuerzos el día de la jornada electoral, y en el caso de nuestros aliados del PT, contamos con Alberto Anaya en varias ocasiones y en el cierre estuvieron presentes Porfirio Muñoz Ledo y Gerardo Fernández, en fin, compañeros a los que agradecemos enormemente que hubieran tenido la voluntad de no dejarnos solos, y junto a quienes hubiéramos querido ver a Cuauhtémoc Cárdenas, a Marcelo Ebrard, a Gabino Cué, a Leonel Godoy, al mismo Ángel Aguirre.
No podemos dejar de registrar que nos dolió que Andrés Manuel López Obrador en visita no pidió el voto para nosotros, sino únicamente pidió no votar por el PRI, ni tampoco por el PAN, aunque ante el grito del público se vio obligado a incluir al PANAL. En lo económico nuestros recursos fueron miserables frente a la maquinaria que se desplegó ante nosotros por parte del PRI y el PAN.
Entendemos que el partido hizo su mejor esfuerzo, aunque en ocasiones el recurso tardó hasta una semana en llegar, pero siempre atendiéndonos y junto con nosotros buscando cómo resolver la condición de emergencia en la que nos encontrábamos. De los cuatro afluentes de recursos, entendemos que el PRD cumplió con su compromiso, igual como en el ámbito local lo hicieron los funcionarios. Sin embargo no nos queda suficientemente claro si el mismo nivel de compromiso lo tuvieron nuestros aliados, o bien compañeros de otras partes del país, o de la Cámara de Diputados, más bien estamos seguros que no lo hicieron y con ese apoyo hubiéramos podido resolver la mitad de los gastos que nos urgía resolver. Sin embargo, agradecemos el apoyo de los Senadores (que hubiéramos querido fuera mayor aunque lo que se entregó fue oportuno), y a la dirección nacional les decimos: si bien es cierto que tuvimos que exigirles tanto, fue quizá porque fueron en su momento la única puerta que vimos abierta.
La indefinición y falta de determinación de gobernador, Narciso Agúndez, en la etapa final de la campaña
Aunque reconocemos que los errores de ejercicio del gobierno no fueron lo suficientemente espectaculares ni tampoco demasiado obvios y generalizados como para de ellos desprender el resultado de la elección, y así como también rechazamos que se fabriquen responsabilidades individuales para explicar procesos complejos, en cambio sí reconocemos que se falló en las definiciones claras, oportunas y precisas por parte de quien detenta la responsabilidad y titularidad del Poder Ejecutivo en nuestro Estado, en el momento que más se requería.
Esperar un milagro o una modificación en su conducta habitual de por sí suponía una condición a lo sumo grave, sin embargo esperábamos de él un compromiso militante en las últimas semanas del proceso, a pesar que los números estaban en contra nuestra.
Cuando Marcos Covarrubias rompe y se va al PAN entendíamos que se acababa la tolerancia y la pluralidad que habíamos sostenido mientras existían cuatro aspirantes. Entendíamos entonces que había que dar el mensaje claro y oportuno de que no existía sino un solo candidato del PRD, y que éste era nuestro compañero Luis Armando Díaz, y lo mismo en el caso de las demás posiciones. Que no podíamos dar lugar a especulaciones respecto a la existencia de los planes A y B, y que en medio de la promiscuidad política, del oportunismo puro y de la falta de identidad ideológica, era indispensable que de parte de quien tenía un claro liderazgo en el Estado se evitaran señales que nos dificultara con firmeza y contundencia defender al proyecto. Nunca lo logramos.
En este sentido sólo se contó con la presencia del compañero gobernador en el inicio y en el cierre de campaña, cumpliendo su parte en cuanto a la cooperación de los funcionarios del proyecto. Pero a pesar de contar con fuertes evidencias y hacer nosotros múltiples señalamientos al respecto, se mantuvieron una permisividad y una tolerancia absolutamente incomprensibles y excesivas en áreas y oficinas clave del Gobierno del Estado, con personajes que a través de su puesto siguieron apoyando al candidato del PAN. Tal fue el caso del Secretario de Finanzas de quien dijimos que no queríamos su respaldo, sino sólo que dejara de aprovechar su encargo para favorecer a nuestros adversarios. Y como él muchos se escudaron en esta permisividad para terminar por dar una imagen de que era posible que hubiera una segunda opción, y que incluso el PRI planteara que ellos eran la única oposición real.
Si bien la falta de atención a esta preocupación no podría por sí misma determinar de forma completa el desenlace final, si ocupó un papel significativo debido a que influyó de forma negativa en la percepción y el estado de ánimo de la militancia, precisamente porque su solución dependía exclusivamente de la voluntad y compromiso militante de un miembro destacado del partido.
Podemos pensar que no se pactó a espaldas nuestra; que lo que faltó fue carácter, que fue la consecuencia de un estilo de ejercer el poder y que no se requiere de un inconfesable pacto con el PAN para explicarse el resultado por todos conocido de nuestra derrota, y que dicha actitud se debió más a la falta de confianza en nosotros mismos y en haber dado por perdida la batalla mucho antes, y se decidió buscar no comprometerse ante lo que se percibía como una condición inevitable. Sin embargo, para efectos prácticos, con acuerdo o sin él, el resultado es el mismo: la derrota lamentablemente que no puede separarse de la sensación de impotencia ante la indefinición y el abandono en una circunstancia que si bien podía haber sido inevitable, la pudimos enfrentar en mejores condiciones si además de nuestra credibilidad no enterrábamos nuestra última fortaleza: la esperanza en el triunfo.
Ojalá que de ahora en adelante dominemos la tentación de avanzar sólo mediante golpes electorales audaces y exitosos que nos hacen olvidar lo efímero y complicado que es mantenerse en el poder, si en el mediano plazo no se construyen condiciones favorables para el avance y consolidación de las fuerzas democráticas. Nosotros cometimos muchos errores como el querer competir en gasto y luego invertirle a una estructura que nos permitió movilizar a 70 mil gentes, de las que se tuvieron alrededor de 40 mil votos. La dirigencia estatal gastó demasiado tiempo en
procurar convencer, conciliar, entender y atender a las personalidades que fueron quienes minaron la confianza en nuestro proyecto, esperando que asumieran su responsabilidad con el Estado. Un año diez meses nos atacamos y solamente dos meses y medio asumimos unidos la campaña. Habrá que construir partido con mucho esfuerzo, quizá en condiciones terribles para lo que podíamos haber consolidado. Nuestro país y sociedad lo reclaman y no nos queda sino con humildad y con mucho compromiso y amor con el pueblo, regresar a nuestro trabajo donde nos requieren quienes anhelan un partido que sea el instrumento para transformar la sociedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario